José Monterrubio: “Cuando me parecía, cogía un papel, me daba la ventolera y escribía”

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Lector empedernido, Monterrubio es poeta por vocación, aunque él no se reconozca como tal. Implicado en más de una entidad, a sus 86 años continua activo en entidades como la Asociación de Vecinos de Pedro IV o en actividades de concienciación sobre la ELA.

¿Usted se dedica a escribir poemas?
No, eso es una tontería que yo empecé como una cosa cualquiera. Cuando me parecía, cogía un papel, me daba la ventolera y escribía. Así tendré como unas 95 poesías. Bueno, tonterías, una cosa son poesías otra ésta. Son cosas de familia, celebraciones, pensamientos,… Un poquito serias, no sé, en el libro pusieron 28 o 29, podían haber puesto 40.

Hábleme del libro, Verborreas encadenadas.
Lo presentaron el día 29 de noviembre. El libro ha sido cosa de mis hijos y Antonio Melgar, el barbero. El último en enterarse fui yo. Se presentó en el Centro Cultural. Antonio me dijo que había un acto poético para recaudar dinero para la ELA (Esclerosis Lateral Amiotrófica). Le dije que allí tenía que estar yo y la sorpresa me la llevé cuando presentaron el libro.

¿Contiene recuerdos de su infancia?
Los recuerdos son otra cosa. Comencé a escribirlos y llegué a 90 folios que quedaron sin terminar y corté. Corté esto, corté las poesías y corté todo, hasta la fecha, que he escrito una poesía para mi biznieta.

¿Dejó de escribir?
Sí. Cuando murió mi mujer, en el 2008. Empezó a estar mal y ahí se quedó. Padeció ELA. Se juntó el hambre con las ganas de comer. En el 2007 ella ya estaba mal y a mi me operaron. Me tuvieron en la Vall d’Hebron 34 días. Mis hijos se ocuparon de todo. Poco a poco fue perdiendo las facultades, dejó de caminar. No podía hablar, terminó por no poder comer ni hacerse entender. Yo pasaba las noches a su lado. Cruz Roja me dejó una cama para ella. Fue un proceso horroroso.

Supongo que es importante toda la ayuda que pueda haber para la ELA.
A mí quien me ayudó fue la Cruz Roja. Se portó muy bien. Desde entonces soy socio. Después, Antonio Melgar, que también padece ELA pero menos agresiva, la Murga y otros grupos recaudan dinero para la investigación. Hace un mes llevaron de la Murga para la investigación 2.900 euros y otras donaciones anteriores. De La Llagosta están muy contentos.

¿Cuándo empezó a escribir?
No sé. Fue una cosa espontánea. Si me pregunta cuando empecé a leer, desde que tengo uso de razón. Una prima mía, cuando era pequeño, me decía tú terminarás loco de tanto leer. Leía todo lo que caía en mis manos. A los 10 años había leído El Quijote y también a Homero. Me gusta la lectura, sobre todo si es histórica.

¿La lectura ha sido su formación?
Sí, sin duda. Estudios sólo hice una formación empresarial de cuando trabajaba en Nissan, en 1985. Cuando yo entré en la empresa, me pusieron en los almacenes. Había un chaval de Les Franqueses que estudiaba Económicas y lo pusieron de administrativo. Buscaban a otro y decidieron promocionarme.

Ya de mayor continuó escribiendo.
Formaba parte del jurado del Concurso de Teatro Amateur que hacía el Ayuntamiento. Siempre, al acabar el concurso, dedicaba una poesía a cada grupo participante. También estuve colaborando escribiendo artículos y poemas en una revista del pueblo del Casal d’Avis, que se llamaba Nuestra mayoría. En el año 86 también gané un premio en Granollers y en el Centro Cívico de la Florida.

Tengo entendido que también forma parte de algunas entidades.
Cuando mis hijos eran pequeños, iban a la Safa y fundamos la primera asociación de padres de alumnos José Estefa, Rogelio Rodríguez, alguno más y yo. Fue todo un éxito. Ahora llevo unos once años en la vocalía de entierros de la Asociación de Vecinos de Pedro IV, que tiene más de 1.800 socios y que permite ahorrar mucho dinero. A lo mejor si algún socio se muere pagas 3 euros y en una compañia tienes que pagar 30 euros mensuales.

¿Y en el Casal d’Avis?
Aquí me invitaron a ir a un curso de informática y todo lo que aprendí lo enseñaba aquí. Estuve bastante tiempo, pero los ordenadores ya se quedaron obsoletos y ya no se hace. También reorganicé la Biblioteca, que lleva tiempo cerrada. Hice una lista de los libros numerándolos para poder localizarlos,…

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