Cartes novembre 2018

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ELA (ESCLEROSIS
LATERAL AMIOTRÓFICA)

Entre la multitud de enfermedades que padecemos los humanos, incluyendo las llamadas enfermedades raras por desconocimiento, a mi juicio podíamos establecer tres niveles; las leves o menos graves, las graves y las irreversibles.
Hasta no hace muchos años, la década de los cincuenta – sesenta del siglo pasado, el dolor de apendicitis, se le conocía como el dolor de “Miserere”. En la actualidad, intervenido a tiempo ha perdido casi la totalidad del riesgo.
El cáncer, que sólo mencionarlo produce terror…, no digamos para las personas a las que se le diagnostican, pues sin dejar de ser terrible, la cien­cia en muchos casos consigue su curación total y en otros aplicando tratamientos adecuados, consiguen dormirlos como en un letargo del que despertaran en un espacio de tiempo indeterminado.
Estos dos ejemplos expuestos nos pueden servir para establecer el baremo de graves y muy graves.
Por desconocimiento, sólo voy a citar dos de las que considero irreversibles, el Alzheimer y la ELA, que es la que da título a este comentario.
Tengo que decir que la iniciativa de este comentario no es del que escribe, nace de una conversación con un amigo víctima directa de esta terrible enfermedad. Me atrevo a emplear la palabra “víctima” porque él es consciente de que lo es y me pide que lo haga con la cruda realidad, no en vano tenemos algo en común, compartimos el sufrimiento, que faltan palabras para describirlo.
Este amigo, este hombre lo tiene tan asumido, que ha llegado a la conclusión de que si estudiando con él se pudiera conseguir algún avance que posibilitara a los investigadores, algún día no lejano erradicar esta maldita enfermedad, él sería feliz.
Esta enfermedad es como una carcoma que va anulando todo el sistema neurológico, que va paralizando toda actividad nerviosa hasta el extremo de no poder comer, beber, ni tan siquiera hablar para poder decir lo que se siente y poder aliviar su sufrimiento; que se le ha de alimentar y administrar la medicación por sonda gástrica. Esta persona queda en estado vegetativo sin tan siquiera con fuerza para quejarse, solo emiten pequeños sonidos guturales hasta que les llega la muerte. Esto es la ELA. Y esto lo expongo yo desde mi maldita experiencia.

Antonio: En tu nombre tengo que agradecer, porque es de justicia, la colaboración desinteresada del grupo LA MURGA, que hace ya tiempo tomaron la iniciativa de hacer colectas para ayudar a la investigación, así mismo, a los establecimientos que colaboran ofreciendo sus productos para conseguir la máxima recaudación y como no, a todas las personas que depositaron su donativo por modesto que fuere.

Y por último un agradecimien­to que es una plegaria, para que Dios ilumine a médicos y científicos para poder culminar la meta que persiguen.

De José Monterrubio
Para Antonio Melgar

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